Lo superficial es pasajero, intrascendental y pasa de moda rápido. Por eso, aferrarse sólo a eso es lo más sencillo del mundo, pero también lo más esclavo.
Es verdad que el mundo actual reclama esto. La imagen cuenta. Y vale que es importante; pero si tu mundo gira en torno a ello al final se te hará pequeño y lo habrás recorrido rápido. ¿El resultado? poca cosa: mucho sufrimiento en vano, alguna que otra pequeña satisfacción, mucha dosis de ego y ni rastro de eso que llamamos mundo interior.
Sé como quieras, ten los gustos que quieras. Pero ten algo que te mueva a seguir adelante. Piensa, llora, habla y mete la pata alguna que otra vez. Así aprenderás, recogerás experiencias y terminarás pensando lo que un día tituló Pablo Neruda a uno de sus libros: "confieso que he vivido".
Puede que algún día seas una chica Bond o puede que no. Pero y ¿qué? si lo importante es sentirse a gusto con uno mismo. Y eso se consigue ejercitando ese órgano que sólo se apaga cuando mueres: el corazón.
Y no pienses mucho en el qué dirán; en si lo has hecho mal; en si tienes esto o aquéllo o lo que sea que te ponga triste.
Pues como decía hace mucho una señora ya mayor "de aquí no nos llevamos ná".