martes, 22 de noviembre de 2011

Te he echado de menos hoy, exactamente igual que ayer

Me gustaba escucharte decir cómo cambiarías el mundo, pero nunca imaginé que lo harías así. Está claro que siempre has tenido grandes ideales y que siempre has luchado por conseguir que este mundo en el que vivimos sea un poquito mejor.
Siempre me enganchó tu fuerza, tu grandeza (a pesar de tu estatura) y esos enormes ojos azulados (que a veces se convertían en verdes ,o ¿era al revés?) que todo lo observaban y todo lo cuestionaban. Los mismos ojos que se empapaban ante el dolor (propio y ajeno) y brillaban de alegría ante la más mínima satisfacción.
Hace tiempo que me sorprendo a mi misma pensando en ti. En lo vivido, en lo aprendido, en lo perdido... No entiendo porqué llegamos a este punto en el que parece que somos como personas desconocidas; de esas que no han compartido ni el más mínimo lazo de amistad, de esas que no han caminado juntas ni siquiera un momento.
A veces, incluso, apareces en mis sueños. Como distante, como lejana, como si tuviera la sensación de que una vez exististe pero ya no. 
Quizás sea buen momento para pasar página. Lo intento. Pero, ¿por qué hay libros que se resisten a ser guardados?. ¿Por qué hay historias que no quieren ser acabadas?. Ni yo lo sé, ni yo ni nadie. Quizás en el futuro entendamos el porqué. Quizás algún día aparezcas de nuevo y todo siga como antes. 
Tú: cabeza loca, cabeza rubia, cabeza alta, cabeza que sueña.
Perdona la osadía de contar en éste, mi pequeño mundo, lo que supones para mi. Quizás nunca leas estas líneas o quizás sí. Quién sabe. Lo que sí está claro es que a veces no hay respuesta a las preguntas, no hay lógica que explique porqué motivo lo desatado sigue atado. No hay mundo ni tiempo que consigan borrar las huellas de pisadas en el camino ya hecho.
Estés en donde estés recuerda que siempre estará el faro que nos ayuda a volver. Que siempre estará el viejo que espera en la orilla a que pase la tormenta. 
Porque, al final, como una vez escuché en aquélla película francesa que ya casi ni recuerdo: todos acabamos como un perro aullando en la tumba de su madre. 

P. S: "si salgo corriendo tú me agarras por el cuello y si no te escucho... grita".


sábado, 19 de noviembre de 2011

DESGASTADO

Que pasen las horas y no te des cuenta es uno de los mayores placeres de la vida. Significa que disfrutas, que vives, y que no le pides más al momento.
Es cuando quieres conocer, cuando quieres aprender, cuando quieres forzar tu inteligencia y tu personalidad para llegar a más, para ser mejor. Cuando te dejas llevar por el corazón y no por tu matemática racionalidad. Es cuando te das sin querer dejar de darte nunca.Es cuando te dejas querer, porque sí, porque te gusta. Cuando piensas que esa persona nunca se irá, que es para ti y tú para ella. Cuando te crees que la felicidad existe.




 No quieres vivir del pasado nunca más. Todo futuro, todo retos. Y mucha ilusión en la sangre.Mucha. Nunca decir adiós. No cerrar puertas a nadie ni a nada. Estar abierto a todo y saber que puedes con todo. Como ahorrar toda la vida para comprarles a tus hijos una buena casa, como decir lo que piensas después de haberlo pensado, como querer a alguien después de haberla odiado, como envidiar lo que en realidad no quisieras tener, como buscar a alguien para compartir algo cuando ansías la soledad. 
Nunca pretender controlar tu realidad es un error tan grande o más, como pretender tenerlo todo bajo control. La vida pasa y tu no estás hecho para triunfar a no ser que te decidas a estarlo. el problema es que pensamos que quienes triunfan "han tenido suerte" y es un engaño muy grande, sólo buscamos lo que nos conviene cuando lo tenemos más o menos cerca. Lo que hacen los triunfadores es buscar lo lejano. Hasta que lo encuentran y entonces ven la realidad tan de cerca, tocan tan de cerca la miseria humana que se crecen y se disparan hasta el punto de creerse invencibles. Por conocimiento propio y ajeno saben que el éxito no está en no caer, sino en levantarse; en aguantar lo inaguantable; en querer hasta que duela; en morirse desgastado...

viernes, 11 de noviembre de 2011

Y aquí voy

El tiempo pasa y yo sigo aquí. No sé muy bien si vendrás, ni siquiera si serás capaz de encontrarme.
Yo te espero, no muy convencida de que sepas llegar hasta aquí; pero con la esperanza de que haya algo que te ayude y te guíe en el camino. No es difícil, sólo tienes que levantar un poco la cabeza y girar el cuello. Y buscar, buscar cada día.
Pero para eso primero tienes que saber quién eres y qué quieres hacer o, simplemente, a quién quieres tener contigo.
Si el realismo se apodera de ti huye de él, al menos, los sábados y domingos y despliega las alas, ésas que un día moviste y que ahora se han quedado algo encajadas en tu cuerpo, como sin vida.
Entonces descubrirás que el mundo es un poquito mejor cuando hay complicidad. Cuando, a pesar de lo duro, hay alguien que quiere escuchar tus palabras; que no olvida tu fecha de cumpleaños; que recuerda tu postre favorito y hasta tu más insufrible manía.


Así que deja de hacerle desplantes a tus sueños y empieza a luchar por ellos. Aunque cueste, aunque no salgan, aunque pierdas en el camino muchas cosas, aunque olvides hasta tu nombre y no recuerdes ya aquella poesía de Benedetti que decía algo así como "vivir la vida y aceptar el reto..."