miércoles, 20 de febrero de 2013

Hoy iba en el autobus, y me ha venido a la cabeza un pensamiento que me ha quitado la paz. Desde hace días observo cómo la gente vive con cara de angustia, no por la crisis, ni por la corrupción, ni por la renuncia del Papa. Estamos angustiados, porque realmente nos importa demasiado lo de aquí, lo de la tierra. Y es normal, comprensible, justificable y defendible si piensas que en realidad tu vida se acaba al morirte. Cuando a tu corazón no le apetezca bombear más sangre, se acabará todo. Y con ese pensamiento, normal que yo me asuste al montarme en el bus y ver las caras de la gente. No quiero decir que yo llevara una sonrisa de oreja a oreja en la cara, aún creyendo firmemente que hay algo más allá. Tampoco creo que una sonrisa en un trayecto de autobús a las cinco de la tarde sea el mejor baremo de la felicidad social. Pero, desde luego pienso, que en general acostumbramos más a sufrir que a disfrutar. O por lo menos, que sufrimos con más intensidad que disfrutamos...
 Y ahí es cuando me preocupo. Pero vamos, que nada es tan blanco ni tan negro. Habrá días mejores, días peores, épocas de luz y épocas de tinieblas. No nos importa. En realidad el ser humano es impresionante. Sabe sobreponerse a cualquier dificultad -no siempre, y no todos- pero la gran mayoría, podemos. Podemos ser héroes por sonreír cuando no logramos entender por qué no tuvieron razón los mayas al profetizar el fin del mundo, y podemos ser capaces de esperar que lleguen tiempos mejores haciendo que mejore nuestro entorno.
 Esa espera activa que lo cambia todo. 
No sólo valen la pena esas personas que han pasado a la historia por aportar algo a la cultura mundial, por inventar algo que nos haga la vida más fácil o darnos un método para alcanzar la felicidad. 
Aquí todos valemos la pena, la pena de pasarlo mal a veces, para disfrutar después. La pena de entender que vivir es querer y querer implica dar. Más, más y más. Cada día más.

lunes, 11 de febrero de 2013

Tú eliges

Queremos querer. 

Quizás las experiencias y, también, porque el deseo de crecer nos hace ir más allá en nuestro conocimiento del ser humano; han hecho que me dé cuenta de eso.

Puede parecer una frase sencilla, pero detrás de ella se esconde toda una maraña de hilos que tejemos a lo largo de toda nuestra vida. Maraña que nos hace derramar alguna que otra lágrima y disfrutar, cuando existe, de la reciprocidad propia. 

No es malo querer querer. De hecho, es muy bueno. Sólo así ganamos todos. 
El problema es que a veces no sabemos enfocarlo porque nos desilusionamos y despistamos. Olvidamos qué era lo que queríamos ser y cuál era el objetivo a alcanzar. Y decidimos ir a lo cómodo, a lo que nos viene dado. 

Las cosas que merecen la pena cuestan. Y cuanto más merezcan la pena, más esfuerzo tendrás que poner en alcanzarlo. Y te puedo decir que quizás no lo alcances nunca, o no al menos como tú querías. Pero ahí esta lo heroico: esforzarse sin pensar tanto en la meta; querer con pocos motivos; dar sin esperar siempre, hasta que duela. Lo decía Madre Teresa; y ella de amor y caridad sabía un rato. 

Elige lo que quieras querer y ve a por ello. Elige tu futuro en todos los aspectos; y cuando las piernas flojeen y pierdas el compás de tus pies, recuerda que cuando empezaste esta carrera sin fondo tuviste un motivo para hacerlo. 

No importa si no sabes. Poco a poco irás aprendiendo si cada día decides proponértelo y recordarte que el mundo, como el hombre, gira porque nuestros deseos son mayores que nuestros miedos y debilidades. Y que el amor, y no la economía, es el motor de la historia. De tu historia. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

A VECES pasa que te encuentras en un momento en el que todo parece que prende de un hilo. En el que tu futuro es más que incierto y no tienes ni idea de lo que pasará.
Y te agobias, y te sientes un poco perdido; como si no pudieses ver más allá.

Supongo que es normal, que a medida que vamos creciendo vamos siendo más conscientes de lo pequeños que somos (qué paradoja, ¿no?), de los límites que el mundo y nosotros nos ponemos, de las distancias, de los imposibles... parece que es lo que toca. Parece que es el estado en el que tenemos que encontrarnos "tal y como están las cosas". Pero déjame gritar que esto no sirve de nada.


No sirve de nada que sigamos igual. Que estemos esperando hasta que la tormenta amaine. No sirve que "no puedas". No sirve nada de lo que nos inspira el ambiente. 


Por eso, creo que es importante ser superviviente. Superviviente de esta situación que nos ha tocado vivir. Superviviente de nuestros agobios, miedos, incertidumbres, deseos...


Porque la mente puede llegar a ser tu mejor aliada o tu mejor arma contra ti mismo. Porque la gente que gusta es aquélla que promueve, al menos, un ápice de rebeldía contra el sistema; contra los muros impuestos; contra la razón sin razón que domina el mundo; contra las injusticias y contra los miedos.

Lánzate al vacío, pero con paracaídas. Y deja atrás a los que prefirieron quedarse a mirar. Ellos creen saber lo que hay. Pero, la realidad es que no se hacen una idea de lo que están dejando pasar.




jueves, 13 de septiembre de 2012



Paralelamente a todo lo demás tu vida sigue sin pena, pero también sin gloria.
¿Alguna vez has visto algo que te haya atraído tanto, tanto, tanto que serías capaz de dejarlo todo por conseguir eso?
Si no te ha pasado, déjame que te diga, que no has querido nunca.
Descuida, a casi nadie le pasa.

martes, 24 de abril de 2012

Nosotros escogemos a quien dejamos entrar en nuestro mundo.
Hay días en que la necesidad de gritar lo que nos pasa, lo que pensamos y sentimos, impera sobre todo lo demás. Ocurre, sin embargo, que a nadie le interesa. No es soledad. Es saber que no importa que te ahogues porque la tripulación puede seguir sin tí. No eres imprescindible para un conjunto. Pero sí insustituible para alguien. Para ese alguien que tú elijas. Para ese alguien que solo busca que le quieras.
No importa que no haya sentido, no tiene por que haberlo en todo. Sólo hay que explotar, liberar.
Este pez ya no muere por tu boca.
Y entonces... la palabra precisa en el momento idóneo.




Que no quieres que te quieran, sólo quieres que te abracen...
Quien no tiene el valor para marcharse, quien prefiere quedarse y aguantar, marcharse y aguantar....

miércoles, 14 de marzo de 2012

A pesar de todo

Puede que no entiendas muchas cosas de tu vida. Puede que de repente todo se vaya abajo y no encuentres por ningún lado el sentido a todo lo que haces o vives. 
Déjame decirte que es en esos momentos cuando es importante un cambio de actitud. Cuando de nada sirve dejarse arrastrar por la corriente que poco a poco va quitándote las ganas. 
Déjame también decirte, confesarte, que, a veces, para que las cosas grandes vuelvan a su cauce hace falta esto: momentos de crisis, de oscuridad, de ganas de desaparecer. Pues sólo las cosas que valen la pena corren el riesgo de perderse, de hacerse pequeñas o de, simplemente, pasar a un segundo plano. Ahí es cuando entras tú. Cuando tienes que darte cuenta qué es lo mejor y que para que las cosas cambien primero tienes que cambiar tú.
La cosa no es tan sencilla, nadie ha dicho lo contrario; pero es importante arriesgarse. Se necesita, tú lo necesitas y todos te necesitamos. Aunque no lo creas, aunque estés en esos momentos en los que parece que ya nada vale la pena.
Quizás no te salga bien, quizás no saques nada en claro de todo el esfuerzo, quizás ya hayas hecho todo lo que has podido. Si es así puede que sea bueno empezar a tener esperanza, confianza en lo que pueda pasar. Pues hay cosas que no dependen de tí, ni de mí, ni de nadie. Hay cosas que se nos escapan de las manos y que no podemos controlar. A veces es bueno, porque significa que no somos invencibles ni todopoderosos pero trae consigo una enorme vulnerabilidad. 
No te asustes, no retrocedas, no te escondas, no huyas...
Es verdad que cuesta, que es fácil decirlo. También es verdad que cada cual es distinto y que a cada uno "le duele lo suyo". Pero, ¿para qué estamos aquí si no es para superarnos?, ¿para intentar ser mejores?. Como sea, con quien sea, donde sea.
Porque sí. Porque aunque a veces no lo creas todo el mundo espera eso de tí, hasta tú mismo. 


martes, 24 de enero de 2012

Compensa

A veces me pregunto qué tienen algunas personas que nos pillan por completo. Un tirón especial que les distingue del resto, que les diferencia, les hace ser como son. Pero cuando pasa mucha gente por mi día, por mi vida, me doy cuenta de que no es rara la vez que esto me pasa. Quiero decir, es demasiada la gente que me alucina y muy poca la que me deja indiferente....Debo tener mucha suerte por estar tan bien rodeada, o muy buen ojo para rodearme de buena gente. Además estoy convencida de que no soy la única que aprecia la riqueza de los demás.
No es solamente algo superficial lo que nos engancha a ellas, es algo más de fondo. Algo que admiramos y envidiamos porque están recubiertas de imanes hacia los demás, de ganas de derrochar lo que tienen, por y para los demás. Y es que entienden que la relación con los demás no es más - ni menos- que esa sucesión de instantes que te recuerdan que el género humano es imperfecto y que ahí está su encanto. Que si no lo fuera, no podríamos rectificar. Y que rectificar es lo mejor que podemos hacer y ver hacer a los demás.
No sabría definir qué importancia le doy al corazón, ni si la gente sabe la que le da. Sólo se que al ser su capacidad infinita, no compensa medir cuánto lo gastamos.
Más mundo, más música, más imágenes, y sobretodo más personas. Todo eso, y más, sin límite.
Compensa llenarlo.