Nosotros escogemos a quien dejamos entrar en nuestro mundo.
Hay días en que la necesidad de gritar lo que nos pasa, lo que pensamos y sentimos, impera sobre todo lo demás. Ocurre, sin embargo, que a nadie le interesa. No es soledad. Es saber que no importa que te ahogues porque la tripulación puede seguir sin tí. No eres imprescindible para un conjunto. Pero sí insustituible para alguien. Para ese alguien que tú elijas. Para ese alguien que solo busca que le quieras.
No importa que no haya sentido, no tiene por que haberlo en todo. Sólo hay que explotar, liberar.
Este pez ya no muere por tu boca.
Y entonces... la palabra precisa en el momento idóneo.
Que no quieres que te quieran, sólo quieres que te abracen...
Quien no tiene el valor para marcharse, quien prefiere quedarse y aguantar, marcharse y aguantar....

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