Y te agobias, y te sientes un poco perdido; como si no pudieses ver más allá.
Supongo que es normal, que a medida que vamos creciendo vamos siendo más conscientes de lo pequeños que somos (qué paradoja, ¿no?), de los límites que el mundo y nosotros nos ponemos, de las distancias, de los imposibles... parece que es lo que toca. Parece que es el estado en el que tenemos que encontrarnos "tal y como están las cosas". Pero déjame gritar que esto no sirve de nada.
No sirve de nada que sigamos igual. Que estemos esperando hasta que la tormenta amaine. No sirve que "no puedas". No sirve nada de lo que nos inspira el ambiente.
Por eso, creo que es importante ser superviviente. Superviviente de esta situación que nos ha tocado vivir. Superviviente de nuestros agobios, miedos, incertidumbres, deseos...
Porque la mente puede llegar a ser tu mejor aliada o tu mejor arma contra ti mismo. Porque la gente que gusta es aquélla que promueve, al menos, un ápice de rebeldía contra el sistema; contra los muros impuestos; contra la razón sin razón que domina el mundo; contra las injusticias y contra los miedos.
Lánzate al vacío, pero con paracaídas. Y deja atrás a los que prefirieron quedarse a mirar. Ellos creen saber lo que hay. Pero, la realidad es que no se hacen una idea de lo que están dejando pasar.

