Cuando crecemos, vamos decidiendo qué es lo queremos ser y a quién queremos tener a nuestro lado en este camino que llamamos "vida".
Inconscientemente (¿o no?), encontramos y elegimos lo que nos aporta, lo que nos conmueve, lo que nos llena. Y cuando damos con ésas personas que cumplen todo éso se forma una especie de conexión. Un lazo que va estrechándonos a base de tiempo, confianza y cariño.
Lo que pasa es que no todo el mundo es fiel a sí mismo y, por circunstancias de la vida, cambian. No es un cambio drástico, empieza poco a poco. De repente te das cuenta que algo falla. Sientes que se te va de las manos y que esa persona que tanto te gustaba por su forma de ser se está perdiendo; porque nunca paró a reflexionar ni se dió cuenta que nosotros somos los dueños de nuestra propia vida y que las cosas (y, sobre todo, las personas) no están por casualidad. Nada es casualidad.
Te vas dando cuenta que ese lazo estrecho se está aflojando lentamente y ni siquiera eres capaz de impedirlo. Y te da pena.
Pero la verdad es que, a veces, hay que dejar tiempo para que se vuelva a retomar el camino andado. Para que volvamos a ser nosotros mismos.
A veces, hay que esperar y actuar cuando sea necesario. Actuar cuando, seguramente, sea el mejor momento.
Y si, aún así, nada ha vuelto a ser como antes. Quizá esa persona sólo pase a formar parte de tus recuerdos y vivencias pasados.
Y ya aparecerán otras porque "detrás de cada persona se esconde otra. Quizás más bella, quizás más nueva, quizás la tuya".

Esa frase del título es mía...!
ResponderEliminarvoy a empezar a exigir copy right!!